Autores tradicionales en el siglo XXI: pingüinos en el desierto.

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Hace unos días Gemma Lienas escribió un artículo para el periódico El País: El valor de la cultura

Tras leerlo sentí un “déjà vu”, ¿cuántos artículos similares habrán aparecido en los últimos años?, todos escritos por autores con alergia tecnológica. En ese artículo en concreto, a la autora le recordaría que decir muchas medias verdades no hace que sea cierto lo que dice, veamos algunas:

La gente valora muchas veces los productos por su precio, no valorando lo gratuito: Bastante cierto, la propia industria nos ha adoctrinado para ello, sí, esa industria que ahora nos acusa cuando no cumplimos su modelo de negocio. Pero eso no quita que si alguien saca gratis obras culturales de buena calidad se le acabe valorando como se merece, mira que casualidad mientras leía ese artículo estaba escuchando un disco bajado de Jamendo (sí, un ejemplo de la cultura gratuita que según la autora no existe).

Las nuevas tecnologías al darnos todo más rápido nos impiden disfrutarlo: Menuda tontería, paremos el mundo que los que no lo entienden se quieren bajar. Yo no disfruto menos de la comida por ir hasta el supermercado en coche, ni disfruto menos de la música que descargo de Internet que de la comprada en la tienda de la esquina. Y si mi novia me manda un SMS cariñoso creo que me pasaré la tarde con la sonrisa tonta igual que si me lo dijera por correo postal… ¿Soy el único que ya está harto de los que ven en cada nueva tecnología una catástrofe?

Por favor, que los autores dejen de vivir en su mundo interior y abran los ojos, no se acaba la cultura, solo cambia la forma de hacer negocio con ella. Y lo más absurdo es que en muchos casos volvemos a los orígenes, o ¿acaso antes de existir el vinilo la gente no cobraba solo por hacer conciertos?

Por otra parte, si me gustaría hacer una diferenciación, una cosa es bajarse gratis la obra de un autor con copyright y otra una obra que el autor ha ofrecido con una licencia libre y gratuita (¿esa autora sabrá que tales licencias existen?):

-En el primer caso el autor con copyright si puede perder dinero, no porque la gente no quiera su obra o no la valore (¿entonces para que demonios se la descarga?). Si no porque tozudamente, u obligado por la industria, sigue un modelo de negocio vetusto, mientras sus potenciales clientes reclaman nuevos medios de distribución. Ese autor tiene todo el derecho del mundo a cobrar por su trabajo pero culpa de las perdidas a quien no debe, a sus clientes, mientras defiende a esos intermediarios que se quedan la mayor parte de los beneficios de su obra. No es muy difícil ver como será el futuro de las obras culturales comerciales, con canales de venta mucho más directos entre el autor y el consumidor, lo que permitirá bajar el precio final y posiblemente incrementar el porcentaje de beneficios de los autores.

-En el caso del autor que ofrece su trabajo libremente, acusarle de querer acabar con la cultura no puede ser más hipócrita. ¿Acaso se puede defender más la cultura que ofreciendo tus obras gratuitamente para que todo el mundo las pueda disfrutar? Una persona que antepone el disfrute de su obra al beneficio económico demuestra un apoyo ferviente a la cultura. Y por supuesto, tiene tanto derecho a ofrecer de esa forma su obra como los anteriores.

Menos mal que cada vez más autores ven el progreso que implican las nuevas tecnologías y deciden adaptarse. Pero mientras no lo hagan todos nos tocara seguir leyendo artículos como el citado, donde una vez más el adivinador o pitonisa de turno nos pronostica del fin de la cultura.

Por último, solo comentar una opinión personal, puede que como comenta la autora un mundo donde solo exista cultura gratuita tenga sus desventajas. Pero si nos vamos al otro extremo, no me imagino viviendo en una sociedad donde solo exista cultura comercial, cultura para masas donde todo lo alternativo y poco vendible no tiene razón de ser. Personalmente me daría hasta asco vivir en un mundo como ese.




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